Diez minicuentos de Augusto Monterroso

La oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

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«Avance y fruto» de Rafael de Águila

Era difícil, condenadamente difícil avanzar. El medio oponía una resistencia tenaz, como si este avance que ahora ejecutaba junto a otros de su especie no hubiese tenido lugar millones de veces. Era fuerte, trataba de vencer todos los obstáculos mientras a su alrededor morían sus congéneres agotados, exhaustos. Esto, lejos de desanimarlo, le infundía fuerzas, lo hacía ver allá, difusa aun pero cada vez más cercana, la mole rosácea que debía ser su destino final. Al menos uno, uno de ellos, debía llegar y cumplir la tarea. Veía al resto desfallecer cuando en su cuerpo las fuerzas se hallaban aun casi intactas y se lanzaba hacia delante con todo ahínco, sabiendo que muy pronto el medio dejaría de ser adverso para facilitar el camino hacia la región más profunda. Cuando llegaron allí quedaban muy pocos, él entre ellos, con menos fuerzas pero distante de ser vencido, menos ahora que la pared rosácea se levantaba a su alcance, meta final nunca antes vista, pero reconocida por la memoria del ancestro.

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«De las piezas» de Dazra Novak

Metió un dedo en mi boca y masajeó la encía de ese lado. Hasta ahí, normal. Lo mismo hubiera hecho cualquier dentista. Es más, le agradecí que me diera tiempo después de la inyección, porque mis raíces son largas, profundas, bien encajadas, no se dejan extraer con facilidad. Normal que se recostara a mi mano que, inmóvil y expectante, yacía sobre el brazo del sillón. Lo mismo habría hecho cualquier dentista cuando se inclina sobre la boca abierta de un paciente y, sin querer, lo roza. Lo que no fue normal, y esto sí tuve que decírselo cuando lo encontré de casualidad a la salida, era que le hubiera pedido a otro que me atendiera argumentando que mi caso era muy atrofiado (al parecer mi cordal predispuesto yacía totalmente horizontal). Me pareció completamente injusto que me abandonara después de restregarse así contra mi mano, después de lanzar aquel aliento suyo sobre mi boca abierta. Sobre mi cara que, cubierta con un paño verde, no pudo ver su cara cuando agradecida yo y a falta de palabras, le chupé el dedo.

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Los magníficos fenómenos de La Luz

En el principio estuvo la luz, y después de ella pudo verse el mundo en toda su magnitud. En el principio estuvo la palabra que es luz. Y así hasta hoy la vida se basa en su presencia o la falta de ella.
«En la luz hay virtud», dijo Martí. Qué hermoso asociar a este elemento con lo íntegro, con lo claro y probo y pensar que tal vez por eso, en la ciudad cubana de los parques nació bajo ese nombre, comprometida con la literatura y desde hace veinticuadro años La Luz, un sello editorial que seduce, acerca y sana.
Desde 2016 el número 121 de la Calle Maceo, irradia a la cultura cubana, como un indicio de que se puede, tan lejos de la capital hacer de los procesos editoriales más que la tradicional tarea de publicar libros.

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Libros para quedarte joven

Por Lilian Sarmiento Álvarez

 

La sombra del muro socialista derrumbándose ante los ojos del mundo, cayó con más soberbia sobre Cuba, allá en los años 90. En momentos como ese, en que la economía agonizaba, y la gente trataba de sobrevivir en total incertidumbre, la creación artística se vio aplastada por el pragmatismo y las carencias materiales. Para los más jóvenes, hacer arte se convirtió en un ejercicio de voluntad al que había que enfrentarse a sabiendas de que la obra podía o no malograrse.

Sin embargo, en los contextos más adversos la belleza del arte puede florecer, sobre todo si viene de manos jóvenes dispuestas a transformar su realidad. Fue así como la vanguardia artística de la Asociación Hermanos Saíz de los años 90 enfrentó molinos, huracanes y todo lo que sobrevino para el arte cubano. En el ámbito literario, aquella fue una etapa en la que se dieron pasos importantes hacia la consolidación del movimiento de jóvenes escritores a lo largo de la Isla, así como del sistema de ediciones territoriales. 

 

En Santa Clara hay sed de belleza

Era el año 1994 cuando surgió Sed de Belleza desde el centro mismo del archipiélago. El proyecto santaclareño que inició su andadura editorial con «Siempre es bueno recordar Tebas», de Carlos Galindo, nació bajo la mirada y el esfuerzo de René Coyra y Julio Mitjans, entre otros, quienes irradiaran el espíritu de promoción literaria al resto de los escritores noveles de la AHS.

La producción editorial que comenzó en formato de “plaquette” fue ampliándose hasta alcanzar más de cien títulos en la actualidad, distribuidos en diferentes colecciones: Premio (obras premiadas por la editorial), Homenaje (autores consagrados), Universal (literatura universal), Ábrego (escritores noveles), Arca (escritores invitados) y Pintapoesía (infantil).

Con este catálogo, Sed de Belleza garantiza un intercambio enriquecedor entre poetas de todas las latitudes y generaciones. Por la calidad de sus ediciones, ha obtenido los más importantes premios y reconocimientos que otorga el país a las instituciones de su tipo, como el Premio de la Crítica con el poemario «El ojo milenario», de Lina de Feria, y el Premio Abril por el elevado valor estético y la trascendencia de su obra dirigida a niños, adolescentes y jóvenes.

Alejandro Hernández, director de Sed de Belleza, comenta que la editorial propicia el intercambio entre autores nacionales y extranjeros con el Encuentro Hispanoamericano de Escritores, bajo la dirección de Idiel García, como su principal coordinador y promotor. Para próximas ediciones del evento se proyecta el trabajo conjunto con la editorial Capiro para que el evento siga su crecimiento.

Por otra parte, Hernández apunta que el trabajo conjunto con la AHS continúa a través de la promoción a jóvenes escritores de la sección de literatura mediante la publicación de cuadernillos en formato “epub” y el trabajo promocional en las redes sociales, adaptándose así a las nuevas plataformas donde también se desarrolla la literatura. Así, Sed de Belleza labra un camino de buena literatura para los lectores de todo el país.

 

Un ancla para la joven literatura

En el municipio especial Isla de la Juventud también tuvo su génesis otra de las editoriales que, a fuerza de resistencia, empeño y sacrificio, en el año 1996, comenzó a publicar sus primeros ejemplares bajo el nombre de El barco ebrio hasta convertirse en Ediciones Áncoras.

Aquella fue una empresa en la que se involucraron, por entonces jóvenes escritores Nelton Pérez, Rafael Carballosa, entre otros muchos, que pusieron sus recursos a disposición de la promoción y la producción editorial. «Espirales del alma», de José Antonio Taboada, fue aquel primer título publicado por Ediciones Áncoras. Los siguientes temas y autores publicados hicieron de Áncoras un sello marcado por la doble insularidad y el amor por la creación literaria, donde cada libro es una isla.

A 25 años de su creación, Áncoras ofrece a sus lectores las colecciones «Brizna», «Regiones de Luz» y «Hojas Clínicas», además convoca al concurso anual de poesía Mangle Rojo, espacio que potencia la creación lírica en todo el país.

 

Libros hechos desde la costa sur

Al tiempo que desde la Isla se impulsaba Ediciones Áncoras, desde otro punto de la geografía cubana también asediado por el mar, irrumpía la literatura de manos de jóvenes impetuosos. Fue así como surgió Reina del Mar editores, en Cienfuegos, gracias al trabajo de Isel Romero, René Coyra, Ian Rodríguez, Fernando León Jacomino, Michel Martín, y muchos otros.

Desde la Perla del Sur, la joven literatura cubana tiene un espacio para la pluralidad de voces, la publicación de autores y títulos que trascienden lo territorial y lo nacional. Para Ian Rodríguez, director de la editorial, “lo que más distingue el trabajo del sello es la búsqueda de frescura en sus diseños, pretendiendo que se corresponda con el propósito de dialogar particularmente con el público joven, sobresalen en esta intención las colecciones de «Humor Gráfico» y la de «Historieta». Otra particularidad es su fuerte vínculo con los artistas de la plástica, de modo que no solo se trate de promocionar la obra de los escritores, se abrió una nueva colección para la promoción de los músicos llamada «No son de la loma». Y más allá de la publicación de los libros, la realización de espacios sistemáticos (peñas con proyección de materiales audiovisuales) como son la videoteca «Si volvieran los dragones» y el Café Literario “Dios y los locos”. El actuar diario de este sello también propicia el intercambio entre intelectuales cubanos de todas las generaciones con su Concurso Nacional de Poesía Reina del Mar Editores.

 

La Luz llega desde el este

El impulso de las Romerías de Mayo, creadas en 1995, propició la creación de Ediciones La Luz, situada en el corazón de la ciudad. El primer cuaderno publicado por la Luz, en colaboración con Reina del Mar editores, fue «Bufón de Dios», de José Luis Serrano, por aquel entonces un joven poeta que irrumpía en el panorama literario de la Isla. A lo largo de estos 24 años, Ediciones La Luz ha crecido a la par de los autores que se han sumado a su catálogo.

Nombres como Ronel González, María Liliana Celorrio, Delfín Prats, Rubén Rodríguez, Yunier Riquenes, María Elena Llana figuran entre las colecciones de este sello editorial. Desde hace dos décadas se propicia la publicación de jóvenes narradores con el Premio Celestino de Cuento, que cada año recibe más propuestas para ser evaluadas.

Ediciones LaLuz no para de crear y materializar nuevos proyectos dirigidos a la promoción de la joven literatura, a apoyar a los autores más jóvenes y a satisfacer las necesidades de los lectores de todas las edades. De ahí que surjan espacios como las peñas de presentaciones «Abrirse las constelaciones», «Oda a la joven luz» y «Entrada de Emergencias» para compartir la literatura de todos los tiempos, además del taller literario «Contar con La Luz». Realizan una importante labor de divulgación y un intenso trabajo en las redes sociales, porque Ediciones La Luz, se adapta a los nuevos formatos del libro y la promoción, porque también en las redes están nuestros lectores y hacia allí va dirigido el esfuerzo del equipo editorial.

 

Tocando la puerta: Aldabón

La más joven de las cinco editoriales pertenecientes a la AHS también tiene un estrecho vínculo con Holguín, pues fue José Hidalgo, holguinero que por el año 1998 era presidente de la AHS en Matanzas, y Gaudencio Rodríguez Santana quienes fundaron Ediciones Aldabón.

Los primeros títulos publicados por los matanceros fueron «El silencio murmura», de Nayris Fernández, y «Poemas tempranos», de Israel Domínguez. Desde entonces no se ha detenido el quehacer de esta editorial que ya suma más de un centenar de títulos en su catálogo. Como parte de la promoción literaria que realizan, convoca desde el 2019 al Premio Aldabón, en poesía, novela y ensayo, además de otorgar el premio «La calle de Rimbaud» al libro más vendido, y propiciar espacios desde los medios de comunicación y los centros docentes del territorio para acercar los lectores a sus públicos. Entre esos espacios está la peña «Grafómanos», «La hora de Aldabón» y «Diálogo con el lector» para promocionar a los jóvenes escritores de la asociación y las propuestas de su catálogo.

 

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La extraña felicidad en los sonetos de Liliana Rodríguez

Por Erian Peña Pupo

La poesía —aun la más desgarradora— resume y rezuma una búsqueda de la felicidad. El poeta ansía, evoca, rememora, con nostalgia o anhelo… y esa ansia o remembranza está dada por la plenitud o ausencia de las múltiples formas, posibles o extrañas, de eso que llamamos felicidad.

Buscamos la felicidad —decía Voltaire— sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una. Tropezando, palpando paredes y puertas, dando traspiés un día tras otro. A veces la asimos, otras se aleja irremediablemente, dejándonos en los labios la extraña sensación del roce, de la posibilidad y sus fragilidades. De lo que pudo ser, pero jamás sucedió. Confirmándonos que «la felicidad —frágil idea— no era como yo la imaginaba: Una canasta llena. Un dios mirando/mis huesos en desgaste, perdonando/la ausencia que perdí, la que no tuve».

Pero lo que importa es la búsqueda, pues la felicidad es el camino.

Desde el pórtico, Liliana Rodríguez Peña (Puerto Padre, 1991) nos confirma que «El libro de la extraña felicidad» (Ediciones La Luz, 2019) es un cuaderno para acompañarnos a lo largo del camino. Incluso la portada —una fotografía de Lino Valcárcel que nos hace recordar algunas páginas neogóticas y tenebristas, o un camino simbólico hacia la luz— evoca el ascenso, el viaje. Cada poema —sus confesiones y búsquedas— nos parece tan próximo que nos invaden, después de la lectura, similares afirmaciones, dudas y deseos como somos capaces de aprehender.

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Penélope aserrando televiché: la odisea textral de Marien Fernández

Por Adalberto Santos

 

La literatura se ha afanado a lo largo de su historia por traducir la experiencia vital de lo humano, aun lo más difícil de transcribir en el código escritural: las emociones y los sentimientos. Este ha sido su gran reto y constante reafirmación como hecho artístico. Y la escritura …

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