Preguntada desde el espanto*

Por Adalberto Santos

Yo también quise para mí una casita japonesa junto a un remanso de aguas y el ritual de un desayuno de peces y legumbres. Pero tengo el vocerío de mi amada madre espantando las aves del amanecer, llamando al lechero que tarda o se demora entre las sombras, allá donde no puede verle. Yo también pude ejercer de masturbador anónimo en el metro de New York con Halloween y gente espantada y escondida detrás de la mascarada. Yo también quise darle vida a la palabra que seca en la tinta, aun sin saliva, pero la forma de la vida se me escapa entre los días que transcurren. Pero no quise morir ni una sola vez, pues no hay gloria en la muerte que no sea de ausencia. Por eso quiero llamarte, quedo, como se llama a un animal propio y místico. Nombrarte: Marina Perezagua, desde el maelstron distante. Ven a hablarme con tu palabra de tinta seca y cuerpo vigoroso que hiende la vida. Háblame del amor que alumbra los cuerpos, que produce una electricidad continua hasta consumirse y dejar la casa de la pasión a oscuras y fría. Háblame de la hibakusha, a quien la flor atómica despojó de sus atributos de varón. ¿Qué tan ardua fue su vida? ¿Qué tal la vida sin un pene, colgando como un parásito al que hay que darle de comer y asear? ¿Qué tal la libertad de escogerse? Dime también de los amantes prohibidos por las circunstancias, de un amor que está hecho de lianas y verdor y animales salvajes y también de muerte, de un amor que lleva por gracia y castigo el cuerpo de su amante a las espaldas y ve convertirse el rictus amado en la risa perpetua y calcárea de la eternidad.

Escribirte y preguntarte me duele, con el dolor y aprehensión de quién padece, rehén

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Lista de razones para leer las listas de Isabel Cristina

Por Liset Prego

Porque Estática milagrosa. Listas para vencer y no ser vencidas, no se parece a nada, a ningún libro publicado antes por Ediciones La Luz. Podría decirse que es poesía y no estaríamos mintiendo, que es crónica de la realidad y de nuestro tiempo, también sería acertado. Que es personalísimo inventario de tesoros, de estampas familiares, de olores típicos de una calle en Centro Habana, de amaneceres en el malecón, es la pura verdad.

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Canción que dice la verdad*

Por Danilo Guerrero Montero

Un proverbio ruso afirma que “los cuentos fabulan, pero una canción te dice la verdad”. Tamaña sentencia puede convidar a vivir y a soñar la música como una parte indisoluble de nuestra existencia y puede brindar la seguridad de que el tarareo de una copla nunca abandonará nuestros labios.

Las historias de los pueblos se cuentan también a través de sus canciones. Líricas que desde la memoria se van entonando y variando hasta permear la identidad de una nación. Los bardos asumen el rigor de la dura y dulce tarea. Brindan la magia sutil de una entonación y una poesía, que en nuestra peor angustia llegan para recogernos el alma de la tormenta y la desolación.

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Metamorfosis del autor o cómo nacen las islas

Por Liset Prego

En el año de su nacimiento se hundió el Titanic. «La maldita circunstancia del agua por todas partes», diría. Un barco no es una isla. Virgilio no es una isla, pero quiere serlo.

Ha viajado, traducido a su amigo polaco Witold Gombrowicz, ha escrito, publicado, fundado revistas como Ciclón, una herejía junto a Rodríguez Feo, ha polemizado, lo hará toda su vida. Ha hecho amigos y enemigos. Ha regresado a su casa y aún no es 1959.

Entonces el país da un vuelco sobre sí mismo y se sacude la sombra del norte, convulsiona, se desprende de la garra. Virgilio escribe. El filántropo y La sorpresa son parecidos a ese tiempo nuevo. Van a escena. Envuelto en la vorágine transformadora de la revolución crea, cree.

Luego Virgilio tiene miedo. Lo ha dicho. Pero sigue siendo Virgilio, el de los Cuentos fríos, irónicos, absurdos, donde están los «puros hechos» y es suficiente; el de las Pequeñas maniobras narrando vidas intrascendentes, tan normales, hechas de gestos nimios, tan parecidos a la realidad; el del mito griego reinventado con ingredientes cubanos en Electra Garrigó, el del absurdo en El flaco y el gordo. Virgilio-Oscar, el poeta de regreso de Argentina, algo cercano a vencido, el mismo hermano de Luz Marina, anhelante del Aire frío, protagonista del ciclo infinito de la pobreza de una clase media en perenne agonía.

En él irradian el lenguaje autóctono, la ironía como firma, el humor negro, una causticidad ontológica, la reinvención del teatro cubano, la búsqueda de desmarcarse del cuórum, la vanguardia de la vanguardia. El hombre que ama a un hombre abiertamente en tiempos de puertas cerradas. Ese es Virgilio.

Busca constantemente la experimentación. Prueba la fórmula del teatro en el teatro. Reta al público, procura la interacción, provoca. Con Dos viejos pánicos gana el premio Casa de las Américas y es publicado en 1968.

¿Sería la maldita circunstancia, la de su nacimiento, la misma de su vida? Virgilio tiene miedo. Cómo no temer. Él es la disonancia. A nadie parece gustarle la estridencia de su otredad. Virgilio escribe, escribe como un modo de oxigenarse el alma, aunque en esta última etapa de su vida nada vaya a escena, nada se publique. Virgilio Atlas. Virgilio carga su isla en peso, la de su apartamento donde náufrago de su propia existencia crea un micromundo al que solo acceden unos pocos, elegidos acaso. Gente con menos miedo, menos grises que los años que viven.

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Escrito sobre piedra de rayo*

Por Luis Yuseff

 

Fue R. quien lo trajo a casa. De regreso a la pequeña choza en la provincia me esperaba un muchacho de pelo negro ensortijado. Algo más que sus veinte años rampantes lo distinguía: su silencio. El silencio que, de pronto, me hace parecer a los ojos de mis invitados inseguro, ansioso, desarticulado. El silencio de un dulce muchacho nacido en la calma aparente de su provincia y educado en la prudencia de sus mayores. Un silencio que pocos saben guardar sin resultar por ello descorteses o desmotivados. Un silencio que tiene que ver más con las palabras que con el sonido mismo. Un silencio que ha desterrado de sus dominios a la era digital. Un silencio animal. Y después de las necesarias presentaciones: pues un poco más de silencio. Casi terminando la tarde llegaron las tazas para tomar juntos el té, y aquello se fue pareciendo a una amable costumbre. Tomar juntos el té. No a las cinco de la tarde, de un día pactado, sino a la hora imprevista de un día cualquiera.

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Viaje errante con Rimbaud por ríos impasibles*

Por Erian Peña Pupo

Los franceses tienen cierta predilección por la precocidad y después por el silencio o la muerte: con apenas 17 años Raymond Radiguet publicó El diablo en el cuerpo. Falleció a los 20 de fiebre tifoidea. Poco antes de morir, con 27 años, Alain-Fournier dio a conocer El gran Meaulnes. Su cuerpo fue encontrado en una fosa común alemana en los días de la Primera Guerra Mundial. Y Arthur Rimbaud, el más precoz y deslumbrante de todos esos “enfant terribles”, había zanjado en dos, con un golpe en pleno rostro, la literatura francesa para después, sobre los 19 años, olvidarse de todo eso y partir al mundo a errar “por ríos impasibles”.

Esos golpes viscerales, a fuerza de imágenes, originalidad y alucinaciones, se llaman Una temporada en el Infierno (1873) e Iluminaciones (1874). En estos poemarios Arthur Rimbaud transitó del simbolismo, influido por sus idolatrados Stéphane Mallarmé y Charles Baudelaire, a quien llamó “un dios, el rey de los poetas”, al decadentismo, al lado de su amado Paul Verlaine.

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DJ Arte, de la poesía a la música electrónica, una Entrada de emergencia

Por Elizabeth Soto

Estábamos reunidos y no era muy informal la cita, estábamos como de costumbre en ese sitio de Luz, conversando con Luis Yuseff sobre cómo queríamos, los más jóvenes, en calidad de espectador, que fueran a partir de ahora las peñas de literatura que celebramos cada semana en los espacios habituales: Abrirse las constelaciones, Oda a la joven Luz y el más reciente Entrada de emergencia, con la intención de darle un enfoque más entretenido por los que apuestan por escuchar literatura y para que de cierto modo, tuviera más adeptos que de costumbre. Lo cierto es que todos los planes de estrategia de promoción cultural que nos hemos estado trazando hasta el momento en las redes van teniendo muy buena acogida en cuanto al alcance de las publicaciones, las interacciones y los registros de visita, gestión que realiza Lilian Sarmiento, una desenfadada y moderna estudiante de Periodismo que conjuga sus estudios con la estancia casi diaria dentro de las actividades que prepara también el equipo creativo de la editorial.

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