Sergio García Zamora: la poesía como calabozo

Por Moisés Mayán

 

Sergio García Zamora no tiene nada que demostrar. Lo confirmé una vez más cuando releí de una sentada la edición cubana de «Diario del buen recluso» (Premio Internacional de Poesía Gabriel Zelaya). Las clasificaciones «escritor en ascenso» o «joven promesa de las letras», han ido evaporándose de las notas críticas sobre su obra, y de los breves preámbulos a sus entrevistas. En Sergio García Zamora todo lo que parecía (ya) es, el vaticinio se ha vuelto certeza, y la posible revelación cuenta ahora con el respaldo de más de una docena de poemarios.

    Confieso, sin embargo, que mi criterio puede estar distorsionado, porque desde que conocí a Sergio en la Semana del Autor de Casa de las Américas en 2014, entre nosotros ha crecido una productiva amistad. Amistad que no precisa de encuentros habituales, ni siquiera de fecundos diálogos en las redes, sino del respeto y la admiración mutuos, de la lectura cruzada de nuestras obras, con el rigor de dos viejos correctores de pruebas.

    Desechemos entonces mi opinión, y concentrémonos por ejemplo en las valoraciones de Roberto Fernández Retamar, quien no vaciló en afirmar que Sergio: «es uno de los mejores poetas vivos de la Isla». O en Víctor Rodríguez Núñez, que da testimonio de la madurez expresiva y de la manera particular de percibir el mundo en Sergio García Zamora. Aunque su poesía ha desbordado los rigurosos límites de la Isla para leerse en Latinoamérica, en Europa y en los Estados Unidos, Sergio sigue comprometido con los lectores cubanos.

    A su Resurrección del cisne (Premio Rubén Darío, 2016) reeditado por Letras Cubanas, se suman «El frío de vivir» (Premio Loewe, 2017), acogido por la Editorial Capiro, y «Diario del buen recluso» (Ediciones La Luz, 2019). Cuarenta y cinco poemas en prosa conforman esta entrega, donde el poeta en posesión de los clásicos movimientos «del medio juego», construye su propia colonia penitenciaria para interrogar y ser interrogado.

    Al lector esquivo y ajetreado de nuestro tiempo, le recomiendo dos piezas irrenunciables: «Poema a mi padre» y «Tren de Occidente». Leer estos poemas es reconciliarse casi de forma providencial con la palabra. El mundo íntimo de Sergio García Zamora emerge en «Poema a mi padre» con temeraria sinceridad, mientras su observación acuciosa de la historia y la política, convergen en esa lección de filosofía que es «Tren de Occidente».

    Sergio García Zamora es un recluso de la poesía. Sus poemas son rectangulares como calabozos. Una vez que comienzas a leerlo descubres, con cierto horror, que has perdido tu libertad.

 

 

Share

Enlace permanente a este artículo: https://edicioneslaluz.cubava.cu/2021/05/sergio-garcia-zamora-la-poesia-como-calabozo/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.