Estática milagrosa o la utilidad de las listas para no enloquecer

Por Mariela Varona

 

Las personas soñadoras o distraídas derivamos hacia ciertos olvidos. Y el sentimiento de responsabilidad, hacia nosotros y los demás, nos compulsa a hacer listas para anticipar o descartar una falla posible. Conservo una lista que compuse cuando tenía alrededor de siete años, previendo todo lo que no podía olvidarme de hacer durante un mes de vacaciones. Esa lista era una suerte de exorcismo propiciatorio: si conseguía cumplirla, mis vacaciones serían exitosas. Más tarde, las listas se fueron agregando de manera natural a mis diarios de adolescente. Las listas nunca me sirvieron para lo que yo quería, pero se han convertido en recordatorio de mis anhelos de niña y mi cotidianeidad.

Por eso me sorprendí tan agradablemente cuando descubrí este libro de Isabel Cristina López Hamze. He aquí que una muchacha nacida en la Isla de la Juventud en 1988 tiene la misma compulsión que yo, me dije. La diferencia está en que ella, con sus listas, ha hecho literatura. Esta mujer ha logrado contar su vida y la de muchos cubanos sin la camisa de fuerza de los géneros apretándole el cerebro. Porque escribió esas listas sin premeditación, y de pronto cayó en la cuenta de que juntas, podían convertirse en un libro. Y en esta especie de diario están sus recuerdos, alegrías y frustraciones, pero también las de un imaginario colectivo que arrastra dolor y esperanza, carencias y epifanías, mitos y desencantos. 

No intenten clasificar «Estática milagrosa» en algún género específico, porque dudo mucho que lo consigan. Es un libro compuesto de listas hechas por una mujer de este tiempo, y ya está. Si el lector es avisado, puede ir siguiendo la historia de una joven madre entre las labores domésticas, las obligaciones del trabajo que le da de comer, los sueños y deseos cumplidos o por cumplir, y su manera de interactuar con la familia y con esos “amigos” y enemigos que nos han regalado las redes sociales.

De paso, el lector podrá reconocer que en Cuba casi todxs tenemos una historia común. Son listas que pueden ser divertidas (como la de «aplicaciones inútiles para el “cell” de una chica» o la de «fragancias de una calle en Centro Habana»), pero también auténticas y confesionales (pienso en la lista «de las cosas que odio de ti», o en la «de maneras favoritas de terminar mi relación contigo»).

Hay varias listas que retratan al cubano con una gracia que roza el humor negro. Aquí entran las listas de rituales de fin de año, una «lista IMO de personajes típicos de un parque con wifi», otra de «las transformaciones del ánimo provocadas por las guaguas», una «de cosas raras que comí durante mi niñez hambrienta en la Escuela Nacional de Gimnasia”, o la de amaneceres en el Malecón. Los personajes de esta especie de saga urbana son las gentes que nos rodean en cualquier ciudad de Cuba.

Y aquí está también nuestro pasado. Además de los recuerdos y frases de sus abuelos y abuelas, Isabel Cristina incluye una lista «de reliquias para subastar en un futuro mejor» donde relaciona no solo objetos anacrónicos con los que hemos convivido, sino también planes megalómanos y convocatorias ideológicas que durante mucho tiempo aceptamos como válidos y luego se diluyeron, pero dejaron una marca terrible en esta sociedad.

El libro también es un diálogo inteligente entre géneros. Desde su feminidad, Isabel Cristina hurga y revisa sus conceptos, las claves del desamor, de la antipatía o el machismo. «Si tú supieras bailar, yo sería la más fea de la fiesta (…) Si tú fueras un héroe, yo sería la batalla por librar y tu miedo a la muerte y al fracaso», dice en la lista «de las suposiciones». Su interlocutor es un hombre genérico que puede ser el propio lector, pero permanece invisible, anónimo, ausente. La lista de «consejos para el hacker que ofende a mis amigos en mi nombre» abre con: «Si vas a insultar usando mi identidad digital, mi perfil, mi página, mis contactos, por favor… sé original y sé femenino y sé dulce y simpático», y cierra con: «y ya que vas a ofender, diviértete un poco y “metaforea”, mijito, que la vida no es un canto gregoriano».

La propia autora confiesa que empezó a publicar sus listas en Facebook y por ellas se ha ganado admiradores, mas también enemigos. Porque muchos, al parecer, encuentran difícil mirarse en el espejo. Isabel Cristina se retrata, no por agradar o enamorar, sino por la necesidad de establecer un recordatorio que funciona como reflejo colectivo. Prohibido olvidar, parece decirnos. Su autorretrato, su diario íntimo, está compuesto de varios elementos que la banalidad nunca soportaría. Para decirlo en el lenguaje de las redes, creo que Isabel Cristina se ha hecho una “selfie”, pero no ha querido aplicarle ningún filtro, y para colmo lo ha hecho teniéndonos de fondo, como un decorado anónimo e involuntario. Su retrato, expuesto en las listas de su vida, es honesto y natural, y por eso su poética de lo cotidiano nos conmueve y resulta tan convincente.

Doy fe de lo gratificante que ha sido para Ediciones La Luz hacer realidad este libro. La editora Liset Prego, el diseñador Robert Ráez, la diagramadora Elizabeth Soto, y yo, que me encargué de su corrección, disfrutamos mucho con la aventura performática de una mujer que inaugura este no-género en las editoriales cubanas. El género del todo incluido, porque así es «Estática milagrosa»: novela por entregas, libro de minicuentos, diario privado, cuaderno de poesía, testimonio de una época. Isabel Cristina López Hamze tiene ahora una “selfie” impresa, y Ediciones La Luz, por suerte, gana la primicia de lo insólito.          

 

 

Share

Enlace permanente a este artículo: https://edicioneslaluz.cubava.cu/2021/05/estatica-milagrosa-o-la-utilidad-de-las-listas-para-no-enloquecer/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.