Monstruos, pequeño inventario para príncipes y princesas

Por Adalberto Santos

Asistir al nacimiento de un libro es siempre una fiesta. Desde el aroma evocador de las tintas, hasta el suave crujir del papel y el brillo mate de las impresiones. Asistir, además, al alumbramiento de un texto del que de alguna manera se ha sido parte (desde la callada forja del oficio del editor en este caso) es materia de regocijo multiplicado. Y con el privilegio de esta felicidad, me atrevo a realizar un breve acercamiento, desde la voluntad de compartir este gozo, a Monstruos, pequeño inventario, uno de los más recientes títulos de Ediciones La Luz.

Este bestiario, quizás uno de los más ambiciosos publicados en nuestro país, nace de la voluntad y el afán de su autor, Maikel José Rodríguez Calviño, y parte desde la pregunta: ¿qué es un monstruo? (y aquí sonrío interiormente pensando en lo que respondería mi estimado epistemólogo Mario Bunge, acerca del valor veritativo de esta pregunta). Pero este bestiario no trata sobre la antropología del mito, sino que pretende ser un “manual de campo”, para reconocer y entender distintas categorías de criaturas, su taxonomía, usos y costumbres, y entender, quizás como metaobjetivo, de que manera están vinculados con el acervo de tradiciones de los pueblos y culturas que les han dado cobijo o como, en algunos casos, constituyen representaciones arquetípicas de ciertos conceptos humanos: ya sea el amor y la pureza, como en el caso del unicornio, o la crueldad y lo grotesco, en el caso de la arpía. Pero más allá de esto, Monstruos, pequeño inventario es un libro para entrenar la memoria en lo lúdico, para aquellos que ya hemos alcanzado cierta edad donde es mandatorio asistir a las urgencias de lo cotidiano, con su cuota de llaneza y hostilidad, y para estrenar el asombro para quienes aún conservan intacta la mirada fascinada. Y es que lo cierto es que los seres míticos o monstruosos han acompañado siempre los sueños, y aun la vigilia, del ser humano. Pero, ¿qué utilidad puede tener un monstruo?, se podría preguntar, en estos tiempos tan avocados a lo pragmático, a lo prêt-à-porter, a lo que podría preguntarse en riposta: ¿qué utilidad podría tener para el hombre de Altamira reproducir imágenes de animales, figuras humanas, geométricas, o escenas de caza? Sin electricidad para alumbrarse en la fría humedad de las cavernas, sin pigmentos especiales y atenazado por una vida comprometida con la supervivencia. Y la respuesta es que el humano siempre ha intentado representarse, traducir e imaginar de alguna manera el sentido de la existencia, desde los ásperos bisontes de Altamira, la filosofía griega, hasta la epistemología contemporánea. Y ese afán de encontrar respuestas acompaña cada empresa de lo humano, desde la apropiación del fuego hasta Space X y Elon Musk. Y los monstruos y seres míticos forman parte de ese entender y traducir el mundo. Y Maykel José Rodríguez Calviño nos permite hacerlo a través de su personal selección y catálogo de seres terrestres o acuáticos, híbridos animales o mezcla de humanos y bestias, a través de las ilustraciones, obra de Osvaldo Pestana y Noel Antonio Cabrera, ilustraciones que acompañan (y seducen) las diferentes clasificaciones.

Por todo esto, Monstruos, pequeño inventario es una fiesta. Una fiesta de color y sueño, de celebración del imaginarium de lo humano. Y viene a mi memoria la anécdota de la pequeña hija de una amiga, que al ver el libro y hojearlo, se lo devolvió a la madre diciendo: «¿Tú crees que viendo esos monstruos voy a dormir hoy? Toma, este libro no es para princesas». Más allá de lo hilarante de la ocurrencia infantil, yo le respondería que sí, que también es un libro para princesas, pues, ¿qué hubiera sido de las princesas custodiadas por dragones si no conocieran sus hábitos y costumbres? ¿Y de los príncipes al rescate si no conocieran cómo protegerse del fuego y encontrar los puntos débiles en las escamosas armaduras de las bestias? Entonces, este libro también es para príncipes y princesas, en potencia o consumados, que quieran conocer, regocijarse, y si, un poco, solo un poco, también asustarse ante esta magnífica colección de seres maravillosos y variopintos, así como múltiple y extraordinaria también es la magia de la imaginación y fabulación humana.  

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1 comentario

    • Maikel José Rodríguez Calviño el 4 abril, 2021 a las 4:23 PM
    • Responder

    Gracias, Adalberto. Estoy muy emocionado con estas palabras. En gran medida, yo sigo siendo ese pequeño príncipe que soñaba con unicornios y sirenas en la soledad de su habitación. ¡Habemus monstrorum gracias a La Luz! ¡Abrazotes!

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