Segunda mirada a un “Animal de otra raza”

Por Mariela Varona

 

Ya era hora de que los cuentos de Maribel Feliú encontraran abrigo en un magnífico estuche, como lo es esta edición de La Luz. Una cubierta hermosa, de una sencillez llena de sugerencias, expresa de maravillas lo esencial que encontrará el lector en este libro. La fotografía de Norlys Guerrero Pi que la ilustra, esta mujer de pelo largo, de espaldas, con una manzana que pide a gritos la primera flecha, pudiera ser un álter ego de Maribel Feliú y de la espera en que su vida literaria ha estado expuesta a mil contratiempos.

En la contracubierta, debajo de la foto de la autora y su sonrisa más dulce, hay una breve nota donde se enlistan premios y publicaciones. Los escritores sabemos que detrás de cada libro, de cada premio, hay horas de ansiedad, trabajo, desesperación, estrecheces, renuncias y noches de insomnio. Pero cuando en vez del genérico «escritor» hablamos de «escritora», hay que agregar atrasos en el lavado de ropa y la limpieza de la casa, angustia por terminar de hacer una comida que el resto de la familia está esperando; una cola interminable de quehaceres donde creemos ahogarnos y lo peor, no tenemos ninguna justificación para pedir auxilio.

Si todo esto no bastara, Maribel Feliú también es madre. Y me consta que no solo ha sido madre de su hijo, sino de padres, hermanos y sobrinos. Cuando digo madre no me refiero solo a la que pone la comida en la mesa y plancha el uniforme de la escuela: hablo del sostén del alma de una casa, de la columna vertebral que tiene que hacer malabarismos entre el escaso presupuesto y las decisiones que atañen a toda la familia. Hablo de llevar parejos la enfermedad y el dolor propios con los ajenos, de acompañar en el hospital a los seres queridos, de los días y meses perdidos para la literatura y donados a alguien más.

Pero su venganza es magnífica, porque puede hacer magia con las palabras. En sus poemas y sus cuentos, Maribel Feliú puede exorcizar a todos los demonios que la acosan. Estos once cuentos lo confirman. De ellos escribí que «su mundo se muestra cargado de erotismo, pero elevado a un nivel casi fantasmagórico, rayando en el absurdo o desdibujado por una intención capaz de desencadenar a todos los demonios». Y lo sostengo: Maribel toma fuerza de sus carencias para construir una realidad paralela donde ella, dueña y señora, baila, ríe, sufre, goza, empuña un látigo o se diluye bajo el cuerpo de un amante.

Sus personajes, arrebatados por la pasión, lo hacen todo en exceso. Ninguno calla y espera con los brazos cruzados. Hasta la niña de «Rojo» grita su manifiesto al mundo. Hasta las amantes abandonadas lanzan diatribas y toman venganza con sus nuevas parejas de las traiciones pasadas. Por eso la obra narrativa de Maribel es tan dinámica, aunque los personajes estén simplemente acostados en una cama. Con su imaginación, la Feliú los obliga a recorrer kilómetros mentales, aunque los mantenga inmóviles.

Por eso este libro es una fiesta no solo para Maribel Feliú, sino para quienes estuvimos cerca. El primero, por supuesto, su editor, Adalberto Santos, quien sabe dominar con buen pulso a estas historias desbocadas, con las fauces humeantes y las crines llenas de sudor. Adalberto se quita el sombrero de copa, se ajusta los guantes de seda, y va obligando a cada historia a meterse en su redil con la persuasión que siempre encuentran los buenos editores.

Norge Luis Labrada y Roberto Ráez hicieron lo suyo con todo cuidado, como suelen hacerlo siempre. Dos jóvenes escritores comprometidos con la buena factura, Norge en diagramación y Robert en el diseño, lograron esta belleza de libro que pasó por mis manos en la corrección. Yo me considero no solo la correctriz, sino también la madrina de Animal de otra raza. Y si yo soy la madrina, Luis Yuseff es el padrino, porque ambos cuidamos y esperamos este libro con ilusión y ternura. Porque acompañar a Maribel en esta empresa es nuestro desquite por haber perdido el tiempo de los abrazos, las charlas en los cafés, las andanzas de madrugada al pie del ángel de la Jiribilla, las interminables conversaciones íntimas que tanto echamos de menos ahora, que la vida se nos volvió tan difícil y ya no tenemos veinte años.

Creo que este libro dará a Maribel Feliú muchas sorpresas, muchos placeres. El primero de ellos, reencontrarse con su público lector, que espera hace varios años su voz narrativa. Creo que este libro se convertirá en su pasaporte para viajar al cielo y más allá, de la mano de nosotros, sus amigos de La Luz.

Y aunque pueda parecer innecesario, permítanme terminar con una cita propia, pues lo estimo conveniente ahora que Animal de otra raza va a llegar, por fin, a sus lectores: «En el laberinto de luces y sombras de los cuentos de esta mujer, son muchas las pistas que conducen al centro mismo de lo que somos. Y las claves están aquí, para quien quiera y sepa encontrarlas».

 

   

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