Nicanor Parra: artefactos poéticos

Por Robert Ráez

 

 

Se escribe contra uno mismo

Por culpa de los demás.

Composiciones I

 

Chile es un pasillo largo y estrecho por donde juega, entre ataúdes imaginarios, Nicanor Parra. Escribe versos y hace grafitis donde trata de explicar las cosas en su mínima expresión. Una silla es igual a una silla imaginaria de la misma manera que una mesa es lo mismo que una mesa imaginaria.

Sobre esa mesa imaginaria descansa un libro imaginario. Es un libro enorme en realidad, enorme, aunque imaginario. Lo escribió el hombre imaginario. El hombre imaginario es la fotografía de un viejo con el pelo largo que mira un bosque de ataúdes y sillas regadas. Un viejo vencido por la palabra. Abandonado por la poesía.

Un viejo que parece el rey del punk. Que le gana todos los punkis juntos.

 

Ya no me queda nada por decir

Todo lo que tenía que decir

Ha sido dicho no sé cuántas veces

 

Nicanor Parra escribe los mejores antipoemas con las palabras más comunes (Micifuz, diccionario, tonto, marcador, antipoema, carcajada, teléfono, silla, mesa). Inventa un país de cruces y ataúdes que parece un pasillo lleno de hombres imaginarios. Por el pasillo también caminan las momias. Cuando se aburren bailan una cueca larga, casi infinita, con Nicanor.

De ahora en adelante, donde dice poema léase antipoema. Artefacto. Antiprosa. Tache la palabra poema y reescriba Nicanor. Si dice poesía lea Parra. Y si dice Parra imagine que leyó sin querer hombre imaginario.

La poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vino Nicanor y mandó todo al carajo con una vuelta de montaña rusa.

La antipoesía como concepto es totalmente válido, si hay antimateria hay un antiuniverso donde existe un antihombre que debe estar escribiendo antipoemas ahora mismo. Entonces, la antipoesía no es más que la otra cara de la moneda. En la antipoesía se busca la poesía, escribe Parra, y también nos advierte del carácter humano de la misma: La poesía pasa-la antipoesía también. Todo pasa. Hasta la antipoesía, por mucho que parezca esta un artefacto eterno.

 

Yo no permito que nadie me diga

Que no comprende los antipoemas

Todos deben reír a carcajadas.

Para eso me rompo la cabeza

Para llegar al alma del lector.

 

Una mariposa. La antipoesía de Nicanor Parra es como una mariposa. O como un pie. Algo que ya estaba ahí, solo tenía que ser nombrada, es un acercamiento al hombre-antihombre-hombre imaginario. O a los tres que vienen a ser lo mismo si se mira bien.

Sus poemas están llenos de ataúdes, sus zapatos son ataúdes y el vino siempre se acaba antes del último verso. Y parece entonces que no quiso escribir varios poemas sino un solo poema largo, eterno, donde todos los versos dicen lo mismo y dirán, con otras palabras, las mismas cosas ya dichas por el hombre que le toma incansablemente el pie al ángel fatuo como el cisne de la sinfonía de cuna.

La verdad es que estas palabras son demasiado formales para hablar del poeta más irreverente del último siglo. Del antiNeruda. Del tipo que nació en Chillán y se murió a los 106 años en las Cruces. Del hermano de Violeta. Del viejo que se casó más de mil veces con la mujer imaginaria y tuvo 6 hijos. Del tipo que se hizo matemático para demostrar que ellos no sabían nada de matemáticas y después inventó la antipoesía.

Lo mejor sería enseñar el manuscrito original, pero se aburrirían o no les interesaría porque no van a entender mi letra. Quizás sería bueno leer el cuento que le dedicó Roberto Bolaño, el cuento o los poemas. Cualquiera serviría, pero igual se terminarían aburriendo.

Por tanto, lo mejor será no decir ni una palabra más sobre la antipoesía, o no. La primera regla de la antipoesía es que no se habla de la antipoesía.

Se lee antipoesía.

O no se lee nada.

Y punto.

La primera y la última regla, claro.

Y si alguien tiene alguna duda, que lea en voz alta Test y ya irá conformando un criterio de lo que es

Un antipoeta

La antipoesía

Un inocente

Un ataúd a chorro

Y después salga a escribir su primer antipoema en un billete de 20 pesos. Es sencillo. Solo nombre las cosas en una columna, táchelas y luego renómbrelas en otra columna.

Entonces, enlace la columna A con la B.

Y en el décimo verso utilice un símil oscuro, que nadie entienda, ni siquiera usted. Y ahí ya se arregla la cosa. O eso es lo que dice Nicanor Parra que le dijo Braulio Arenas.

Entonces ya va creando un antiuniverso antipoético que rosa con el antitodo. NO con el disco de Eskorbuto, que le debe la idea a Nicanor, con el antitodo antiabsoluto, que es el fin ¿el antifin? de la antipoesía.

O de la poesía. Es un contrasentido que tiene sentido solo cuando el último ha apagado la luz. Cuando se queda vacío el bosque de sillas y mesas. Cuando ya todos los ataúdes están llenos.

Por suerte, cada vez que abra el libro la cuenta volverá a cero. Total cero.

¿Se atreve a leer a Parra entonces?

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