Antipoesía eres tú

Por Elizabeth Soto

 

Se escribe uno mismo por la culpa de los demás por la destrucción que quieras asumir, tú decides qué es lo que haces, poesía o antipoesía, ser patético o ser ridículamente un ser que no tiene ganas de intentarlo. A eso me debo, a los deseos de hacer o sentir, en un espacio que debes crear porque las circunstancias a veces condicionan la mente, porque pueden venir a imponerte sentimientos que en realidad no concretes, entonces tú mandas, en tu vida y en lo que escribes. La poesía pasa, la antipoesía también. Todo pasa, lo bueno y lo malo, es aquel concepto de impermanencia del que tanto hablamos, de ser congruentes en el ámbito de la existencia. De creerte o inventarte de un modo para que existas, para convertirte a ti en ese hombre imaginario, de noches, tardes, balcón, paisajes, hechos, mundos, sombras y hasta sexo imaginario. Pero no creo en la vía violenta/ me gustaría creer en algo/ pero no creo/ lo único que sé hacer es verte encoger los hombros/ y estar atada a ti y a simples ventanas de escritura. Así debe ser el poeta, pero el poeta no eres tú, soy yo quién recrea la poesía, tú vendrías siendo el que duda, vendrías siendo la sensación del papel en blanco. Tú y yo vamos a superar la página en blanco.

Estos sean quizás los temas fundamentales de la poesía lírica, de tu asomo en primer lugar a mi pubis. Se prohíbe rezar, estornudar, escupir, elogiar, arrodillarse, venerar, aullar, expectorar. En este recinto se prohíbe dormir. Y fornicar es un acto diabólico entonces déjame explicarte, que para la penetración debes concientizar que los poetas no tienen biografía, que cada cuerpo que llevas a la cama es uno entre todos los posibles.

Yo no me permito que nadie me diga que no comprende los antipoemas, porque tendré que reírme a carcajadas, para eso me rompo la cabeza para llegar a la esencia de las cosas, porque no tengo ningún inconveniente en meterme en camisa de once varas. Claro que no respondo si me miran echando sangre por boca y narices.

Yo nací para la escritura, estas letras que vuelan en el aire, son tan libres como mi pensamiento, como yo. No hay contradicción posible que no entiendas. Hay cuerpos atados a un instinto.

Cuando pasen los años y el aire haya cavado un foso, entre tu alma y la mía no habrá diferencias y tú solo seas un hombre que amó y yo una mujer que se detuvo un enorme instante frente a tus labios.

Share

Enlace permanente a este artículo: https://edicioneslaluz.cubava.cu/2020/09/antipoesia-eres-tu/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.