Las mujeres de Juan Siam

Por Mariela Varona

 

Cada libro que acompaño en Ediciones La Luz tiene un significado diferente. Declaro que a todos los he amado con mayor o menor intensidad, y ese amor, como es lógico, es proporcional al trabajo de parto de cada uno. Hay libros sencillos donde mi ojo de correctriz es apenas necesario; otros cuyo proceso fluye rápido, apenas sin trabas burocráticas ni técnicas. Cuando los ponemos en el regazo de sus padres o madres (autores/as), la sonrisa está despojada de solemnidad, pues no ha sido un parto tan difícil. Pero hay libros complejos con tablas y gráficos, otros que se demoran en salir, algunos que tienen que vencer mil obstáculos para venir al mundo.

Y ese es el caso de Indicaciones para divorciar a un hombre, del poeta, narrador y profesor universitario Juan Siam, nacido en Banes en 1960. Este es uno de esos libros que sabemos esperado por muchos, y por eso cada semana y cada mes de demora es angustiante, hasta que al fin podemos cargarlo, examinarlo, manosearlo y olerlo, y la sonrisa se convierte en risa de alivio, de distensión, de maternidad satisfecha después de batallar duro porque el recién nacido venga sano al mundo.

No sé si las historias que cuenta Siam en este libro estaban gestándose desde mucho tiempo atrás. Lo que sí sé es que todas estas historias son de mujeres y que esas mujeres le hablan con voz firme a la mujer que soy. Juan Siam demuestra en este libro de relatos, no solo su oficio de narrador, probado ya en excelentes libros anteriores (véanse Cementerio de elefantes o sus novelas publicadas), sino también a qué grado de sensibilidad y compromiso puede llegar un hombre cuando convierte a las mujeres en su centro de atención. Y conste que su mirada no es complaciente, idílica, ni tampoco sexista.

Aquí hay mujeres rotas, mujeres violentas, mujeres profesionales y amas de casa, mujeres locas, mujeres bellas, mujeres putas, mujeres sumisas y mujeres rabiosas. Hay jóvenes y viejas, lesbianas y heteros, emigrantes y exiliadas, militares y prostitutas, madres y vírgenes, becadas y heroínas del trabajo. Hay mujeres que huyen y otras que enfrentan su destino con entereza. Hay algunas con cicatrices, otras con estigmas raciales, y hay enamoradas, decepcionadas, confundidas, pertinaces y también las que cargan toda la vida con pesares secretos. Hay cómicas y trágicas, apacibles y rebeldes, plácidas y arrebatadas. Hay todas las mujeres posibles que caben dentro de cualquier mujer.

El hilo conductor de los relatos se establece con las cartas que intercambian dos hermanas desde el inicio del libro. Una de ellas vive en los Estados Unidos y la otra permanece en Cuba. Después de una visita de la emigrada a la tierra natal, la hermana comienza a explicarle todos los cambios sucedidos en la familia y el barrio. De esta forma las demás historias, las que no tienen como centro a las hermanas, van asomándose en sus cartas hasta desprenderse de la madeja principal y tomar su propio rumbo.

Tal vez otro autor hubiese elegido una cómoda tercera persona omnisciente para narrar a estas mujeres, pero Juan Siam quiso introducirse bajo la piel de sus heroínas y antiheroínas, y los relatos están escritos en primera persona. Y esto aumenta mi respeto por el autor que no se concedió facilidades, e insistió en darle voz a sus personajes con su propia voz. Mi respeto también hacia una capacidad de observación que Juan Siam debe haber ejercido, silencioso y tenaz, desde su posición de esposo, padre, vecino, amigo y profesor, porque pudo captar esa condición contradictoria que las mujeres manejamos como una segunda naturaleza, ya que nos educan para agradar a toda costa y muchas veces decimos SÍ cuando sentimos NO, y viceversa.

Me alegra mucho que el editor, Luis Yuseff, me permitiera estar cerca de este libro desde el mismo principio del trabajo de edición pues, además de la empatía y la amistad de años que me unen con el autor, comparto con él muchas obsesiones literarias. Hablo no solamente del tema de género; también de lo erótico, unido a mi compromiso con tópicos que Juan Siam desarrolla aquí y atañen a muchas mujeres: la violencia doméstica, el abuso físico y psicológico, la pedofilia, las relaciones de subordinación tanto abiertas como soterradas y, finalmente, las disímiles perspectivas sobre la emigración desde y hacia Cuba.

Por eso les digo: mujeres, mírense en este espejo; hombres, aprendan a mirarnos con más detenimiento, como Juan Siam nos mira. Porque sí, hace falta paciencia, delicadeza y también —¿por qué no?— un poquito de perversidad para lidiar con la tarea de contarnos. Gracias a Juan Siam por su mirada y que su libro Indicaciones para divorciar a un hombre recorra, a partir de aquí, los caminos más nobles y anchos del mundo.

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