Yordis Monteserín y sus perros anunciadores

Por: Alex Jorge

No fue casualidad que perros del amanecer coveral surgir la idea de crear desde La luz –sello editorial incipiente en aquel entonces–, un concurso de cuento, se tomase como referencia el título de la primera novela de Reinaldo Arenas para darle nombre, en un esfuerzo por honrar la obra del ilustre holguinero, porque el concurso, más que nada, reverencia al género narrativo, premiando, con todo rigor, títulos de probada calidad, como es el caso de Los Perros del Amanecer, del joven escritor guantanamero Yordis Monteserín, juventud que no es sinónimo de ingenuidad, ya que Yordis, en el momento de obtener con este libro el premio Celestino en su décima tercera edición, tenía una trayectoria que avala sus dotes excepcionales de narrador con varios lauros y 2 libros publicados.

A diferencia de muchos escritores cubanos contemporáneos, Yordis apuesta por un discurso sobrio sin utilizar artificios ni lugares comunes para atraer la atención. El ritmo de sus relatos, lento, pausado, denota influencias de la literatura japonesa a la que es lector asiduo, usando como presupuesto la sugestión, la atmósfera, la pausada descripción psicológica de los personajes con la misma cadencia de la ceremonia del té, haciéndonos degustar poco a poco de la trama y el drama de sus historias, las cuales se despliegan ante la mirada del lector sugestionándolo, convirtiéndolo en cómplice, haciendo también suya la inquietud del mismo autor, en el caso de los cuatro primeros cuentos: “los perros del amanecer”, “un día de esos”, “la chica que baila” y “las dos ancianas”, sobre el decursar del tiempo en la vida de las personas; la pesadumbre que se va apoderando de ellas a medida que sus existencias son cinceladas, amanecer tras amanecer, por los avatares del diario, dejándonos, al final del libro, la sensación de estar complacidos con la madre naturaleza de habernos concedido la mortalidad.

Yordis, desde su juventud, camino a la madurez, ya avizora el caldo espeso, el marasmo que inunda la existencia de cada cual cuando las fuerzas comienzan a fallar y se ha hecho todo lo que se pudo hacer y solo queda el recuerdo y la añoranza; para ello y con la mirada inquieta y curiosa que debe tener todo creador literario, se ha apoderado de situaciones que de seguro ve diariamente en su ciudad natal y quien sabe si en el seno de su propia familia, pues todo escritor es cronista de su época, de su entorno y de su propia vida.Yordis Monteserin

Los dos últimos cuentos: “papá viene a las seis” y “en los pinos”, se aleja un poco del eje temático del libro, pero no constituye ruptura en la organicidad del mismo, ya que mantiene en ellos un lenguaje y ritmo similar al de sus predecesores, y ante todo, lo que constituye el leiv motiv del libro: la nostalgia, la remembranza de lo que una vez fue y no volverá a ser jamás: lugares, objetos, frases, personas: imágenes que desfilan ante la mirada triste de los personajes como trozos de tira fílmica proyectados en una pantalla imaginaria.

Solo queda pues invitar a la lectura de este libro que nos hará escuchar el ladrido de los perros en cada amanecer, anunciándonos, a cada uno de nosotros, que el tiempo implacable nos está pasando factura.

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