Los aposentos invisibles: Nueva selección de Ediciones La Luz

Autor: Erian Peña Pupo

 

“Un coro de altos trinos yendo de la tierra al cielo/ arrebata las almas hacia los aposentos invisibles”, escribe el banense universal Gastón Baquero en su Fanfarria en honor del Escorial. Fragmentos del poema que a manera de pórtico presenta el último libro de la holguinera Ediciones La Luz (Los aposentos invisibles, muestra de poesía holguinera). Y es un homenaje anticipado al poeta integrante de Orígenes, adelanto de una antología con poemas dedicados a Baquero, o con influencia de su lirica, que prepara esa editorial de la AHS. Pues el 2014 se coronara con el centenario del poeta y la joven casa editora, dirigida por Luis Yuseff, respira estos aires poéticos con la misma serenidad que un inocente al escribir sus palabras en la arena.

Antes ya La Luz nos había entregado antologías memorables: El sol eterno (2009) y La isla en verso. Cien poetas cubanos(2011) en poesía, Todo un cortejo caprichoso. Cien narradores cubanos (2012) narrativa, Retoños de almendro. Cuentos para niños de jóvenes escritores cubanos (2012, preciosa selección de literatura infantil a cargo de Eldys Baratute, y Quiero una canción.  Jóvenes trovadores cubanos (2012), recopilación de jóvenes trovadores cubanos, seleccionados por Manuel Leandro Ibarra.

Volviendo a Los aposentos…, el libro es una especie de homenaje (sincero por añadidura) de los jóvenes poetas a las voces de más tradición en la lirica holguinera. El texto, con la siempre cuidadosa compilación de Manuel García Verdecia, recoge poemas de 18 autores contemporáneos, “poemas de voces muy diferentes pero todas con el vigor esencial de lo poético, [donde] se pretende mostrar las obsesiones temáticas y las peculiaridades estilísticas de poetas que ya tienen una obra consolidada y reconocida”, aclara Verdecia en un Umbral necesario.

Y continua: “Es esta una suerte de prisma que ayuda a visibilizar los matices de la producción de los poetas que pertenecen a la Filial de Escritores de la UNEAC de la provincia”. Y aunque esto restringe un poco el verso a la UNEAC (hay muy buenos poetas que no son miembros) el verso se muestra en sus diferentes fases y matices: provocador, sosegado, limpio, incauto, íntimo, público, soñador, irreverente…El poema como un puente (un gran puente, a lo Lezama) entre unas generaciones y otras. Homenaje de virtud a los que nos acostumbra La Luz.

El cuaderno (con un agradable diseño de portada, encabezado por una obra de la pintora Nalia Martínez Grau) muestra el devenir cronológico de la poesía escrita en esta tierra guardada (y maldita, lo he dicho otras veces) por poetas. Inicia Gilberto Cruz (1937), mientas el conocido Delfín Prats (1945) continua y sentencia: “En la prolija confusión de la noche tú estás despierto o duermes. Vienes y vas. Soy y el prisionero del brevísimo sueño de esta vida sin asideros”. Y Gilberto González Seik (1947) añade: “En Holguín el peso de la luz se iguala al aire, y aunque a veces me distraigo en acontecimientos, no pierdo ciertas claridades”.

Mientras Lourdes Gonzáles (1952) nos acostumbra a versos memorables como estos: “El hombre pule su piedra de matar” o “Gravitar es lo más cercano a placer concebido”. Y Orestes González Garayalde (1957-2013) presume que también su voz ha de morir, “un día\ mi voz que ya estuvo muchas veces muerta, \ de miedo, \ de sueños, \ de mucho, de poco.”

Entre los mas jóvenes, Pablo Guerra (1974) teme por los demonios gritando frente a la puerta, su “oficio [es] velar por la caída de las hojas” Duro oficio pareciera responderle Luis Yuseff (1975) mientras indica: “ya puedes beberte la neblina por los ojos\ y luego aborta el poema”. Pues, “el poeta cae de rodillas sobre los adoquines\ y no escribe sino que se anula en la luz\ que duele en la garganta como un metal precioso\ devorado por su vanidad.”

Excelente muestrario de poesía holguinera, que recoge además a Alejandro Querejeta, Luis Caisses, Manuel García Verdecia, Eugenio Marrón, Edilberto Rodríguez, Rolando Bellido, José Poveda, Belkis Méndez, Ronel González, José Luis Serano (ambos con sus muy sui generis maneras de escribir décimas) y Kenia Leyva. Todas voces de altura dentro de la lírica contemporánea nacional, matices y tonos varios. Diferentes maneras de crear: colores también del alma del poeta.

 

 

 

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