Volver a Gira “La Isla en versos”

Santiago de Cuba

Sencillamente isla

Teresa Melo

 

SANTIAGO DE CUBATal vez toda antología o selección de poesía realizada en Cuba pudiera llamarse La isla en versos, pues si un tema ha marcado inevitablemente la creación literaria de nuestro país ha sido el de la insularidad, considerado demodé por algunos críticos y poetas, pero del que será imposible sustraerse, mientras estemos marcados por el sentimiento del límite, que en algunos es final de posibilidades, y en otros, reto de amplitud, en su sentido de ensanchamiento de los bordes.

Así que esta Isla en versos pensada por Luis Yuseff y Yanier H. Palao sí estaba obligada a nombrarse a sí misma desde la isla, pues es quien le da forma, olor y color, con las ciento un maneras que recoge de amarse, odiarse, traducirse y explicarse, desde el intento eterno de la poesía de testimoniar los espacios de la geografía física y emocional. En realidad, cuando mi tan querido Luis me pidió esta presentación pensé negarme, porque ya me había leído el prólogo de Roberto Manzano titulado “El diálogo infinito con las aguas”, poema en sí mismo que sirve de pórtico y contraseña.

Su brevedad como objeto es engañosa, aunque el anuncio de “cien poetas cubanos” haría esperar a algunos una selección realizada desde el peso específico de la obre de ese número de poetas, y no, como lo percibo yo, desde la intención de integrar casi sinfónicamente la muestra de un solo texto por cada autor elegido, para culminar su lectura con la sensación de haber aprehendido un solo poema de ciento treinta y cinco páginas.

Los cien poetas presentados aquí nacieron entre 1970 y 1988. En el año 1970, estudiando el 4to grado de la primaria, y cuando René Coyra, poeta que abre la muestra, braceaba en su cuna olorosa de Banes, yo entraba a un universo de palabras del que entonces no conocía su infinitud y aprendía a dibujar el mapa de Cuba, ubicando sus contornos en el, para mí, enorme planisferio. En el año 1988 nacía el también holguinero Robin Rey, poeta que cierra este libro, mientras algunos y yo leíamos en nuestra ciudad-refugio Matanzas en aquella librería El Pensamiento, y recorríamos nuestra propia Isla –la misma– en versos, y nos enviábamos espejos y postales en paquetes de correo que llegaban con puntualidad.

Quiere esto decir que la isla es ancha, y de ningún modo ajena. La hemos padecido desde lo provisional y desde lo eterno, y de ello ha resultado la isla heredera para la memoria y para la cotidianidad, ambas indisolubles, pero solo una selectiva.

No puedo sustraerme a un poco de vanidad regional y referirme a los santiagueros que han escrito su Isla y es posible leer aquí: Eduard Encina, nacido y permanecido en Baire, con “Primeros desoves“: horticultores y poetas bajo la fiebre de luz; Karel Leyva, hospedado en La Habana, con un fragmento de “Náuticas”: no es bueno andar buscando las islas del escape; Yulexis Ciudad, con “Barquitos de papel. Variaciones”, confirmándome que: los barquitos seguirán en fila para la conjugación del verbo partir; Kiuder Yero, quien se “Confiesa parte del complot“ y que su: nombre luchará contra las palabras abiertas al viento, a la tempestad, en esta isla destino; Oscar Cruz, con “Parábola inconclusa“: en la que su diatriba es el agua; Miguel Ángel Ochoa, de Palma Soriano, con “Al sur con una isla“: Fuimos una isla que es un hombre, una casa, el silencio donde están mis hierbazales oscuros para que los despojes; Irela Casañas:  Escribir en la arena sin que la ola alcance el rasgo; Yansi Sánchez, de un Oriente a otro Oriente con “Himno de patria“: donde recuerda/ lo necesario para no errar; Yunier Riquenes, nacido en Jiguaní, o sea El Granizo, para tenerlo acá porque: Llueve, y mientras llueve se puede llegar al mar; y, por último Reinier Rodríguez con el poema “Para Amanda (volviéndome al país)“, a quien él cuenta:  Será que nos debemos salvar de la memoria.

Tal vez, y finalmente, sea así: salvar de la memoria. Es la que dibuja los contornos de sal que no aparecen en los mapas de la tierra inefable donde se escriben estos versos, la tierra que es la isla, la isla reescribiéndose permanente.

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