Volver a Gira “La Isla en versos”

Sancti Spíritus

Presentación de La isla en versos

 

Gustavo Ramos

Sancti Spíritus, 16 de septiembre de 2011

De la poesía debe esperarse todo: rebeldías, añoranzas, desdichas, traiciones… esperar todo lo que por sentencia o ley pertenece a la naturaleza humana. Y no es porque esta exista a partir del que la cultiva, no, es que la poesía vive dentro de un cuerpo que ella misma enaltece brindándosele a aquellos que poseen una sensibilidad significativa para revelarla. La poesía se personifica y termina anulando al poeta. Es ella la que cautiva surtiendo con su infinitud el espíritu del lector. En sobradas ocasiones leemos un poema sin la remota esperanza de conocer a su escritor, lo hacemos por una necesidad inmediata de aliviar o enfatizar determinada circunstancia. Para entonces, es el poema quien nos sale al paso y no el autor, este ha quedado tendido sobre su vulnerable soberbia, mirando cómo su creación se fue a vivir a otras manos, a otra actitud, a otras pasiones a veces desconocidas. Y nuestra circunstancia se alivia o enfatiza gracias a ese cuerpo que desde su eternidad, tejida en versos, colma de diálogo el silencio, incluso hasta el más horroroso y temido de los silencios. Es precisamente en ese instante cuando nos percatamos de que de la poesía debe esperarse todo; sí lector, todo; máxime cuando esta se ha unido en disímiles voces para conceder a la historia de la literatura el canto de una Isla en versos.

Composiciones que atraviesan con su lamento y audacia la esencia de hombres y mujeres que  la maldita circunstancia del agua por todas partes ha sentenciado a vivir con las manos extendidas. Manos que la demasiada sal ha degradado hasta convertirlas en impulsos, en vagos y esperanzados impulsos que, como bestias naciendo al anochecer, saltan e inundan los poemas que contiene La isla en versos. Cien poetas contenidos en un mismo volumen que la gracia y solidaridad de la poesía congregó. Poetas que se dieron en alma y cuerpo a ese tejido de versos para dejar sus rebeldías, añoranzas, desdichas, traiciones, sin otra condición que la de ser leídos por un lector que busque encarecidamente aliviar o enfatizar el curso de su existencia.

Aquí, en esta muestra de una lírica nacida entre los años setenta y ochenta, late un universo variado de cubanía que abarca la plenitud de nuestra sangre, de nuestra conciencia, de nuestra calidad como hombres y mujeres de bien. Un universo que no se postra en esteriotipos ni en lamentaciones usuales, sino que cala y trasciende con testimonios sangrados la vida de la isla, de esta isla que vive sobre su manto de agua la más innombrable de las fiestas. De este modo queda expuesta a merced del tiempo, la necesidad y la inteligencia de esta muestra que los sobrados años convertirán en antigua. Corresponde a usted, amigo lector, el sublime hecho de apoderarse de ella, o la triste acción de darle la espalda a sabiendas de que en algún instante le será imprescindible para aliviar o enfatizar el curso de la existencia

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