Volver a Gira “La Isla en versos”

Guantánamo

La isla en versos

Mireya Piñeiro Ortigosa

Casa del Joven Creador, viernes 7 de octubre de 2011.

GUANTANAMO

Tratándose de libros impresos, como es el caso del que hoy presentamos, ellos empiezan a ser incluso antes de abrirle sus páginas al lector, porque como el “objeto” que también resultan, ya proponen una lectura inicial. Y la mía, cuando Eldys me anunció que debía presentar a los cien poetas cubanos que conforman esta isla en versos, fue una lectura “encontrada” —por decirlo de algún modo— entre el trasgresor diseño de cubierta de Taimí Ocampo y la foto de Kaloian Santos que lo preside —trasgresor al menos para los códigos de “mi”  visualidad, y ya sabemos que cada cual es hijo, o esclavo, de sus propios “códigos”—, y el anuncio de cien poetas, una cifra que me llevó al recuerdo de antiguas selecciones o antología que gustaban de preferir ese número como “piedra de toque” para toda compilación que se respetase.

En este mismo acercamiento inicial también, desde su propio título, intuimos un homenaje a la presencia de Virgilio Piñera en la literatura cubana y en el favor de sus jóvenes poetas, pues “el eco” de esta isla en versos inevitablemente nos lleva al peso que Virgilio fue capaz de apreciarle en su momento. Suposición que se confirma en cuanto abrimos el libro y nos encontramos con la cita o exergo que se eligiera de aquel que nos habló sobre “la maldita circunstancia del agua por todas partes”, algo que, de alguna manera, constituyó el criterio temático de selección para los aquí reunidos: que resultaran obras signadas por las aguas, las mismas aguas que definen y predisponen nuestra insularidad. El prologuista, Roberto Manzano, se extiende y poetiza sobre este tema.

Si bien dije al principio que un libro comienza su verdadero destino cuando llega a las manos del lector, ya casi nadie ignora que su nacimiento es anterior, muy anterior a ese instante, pues el hecho se remonta a cuando nace en la mente de quienes lo concibieron, que en el presente caso resultan los también poetas Luis Yuseff y Yanier H. Palao que, desde Ediciones La Luz, de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, le agradecen, además, a Rafael Vilche por su ayuda en la “localización” de los autores presentados.

El que se aventure por estas páginas debe presumir que los cien poetas de La isla en versos son (o fueron) miembros de la Asociación Hermanos Saíz, porque justo ese es otro de los homenajes que rinde este libro: unir su voz a quienes recordamos que la AHS cumple sus 25 años en este 2011, o lo que es igual: su cuarto de siglo favoreciendo a esa perenne construcción que es la cultura nacional.

Por eso mismo: por tratarse de 25 años a recordar y distinguir, es que en esta selección encontramos poetas que van desde los 41 años, como René Coyra, que inaugura el volumen, a los 23 del holguinero Robin Rey Hernández, que lo cierra.

 Luis Yuseff y Yanier H. Palao fueron exhaustivos al ofrecernos este bojeo poético porque, salvo el municipio especial de la Isla de la Juventud, aquí están representadas todas las provincias cubanas. No “equitativamente” —pues eso se convertiría en una variante más del igualitarismo absurdo—, sino como se impone: en meritorio acto de representatividad.

Aunque la presentación de los poetas se limita a su nombre, así como el lugar y fecha de su nacimiento, si nos tomamos el trabajo de ubicarlos en sus respectivas provincias —bueno, en las provincias recientemente antiguas, porque todavía no me sé los contenidos geográficos de Mayabeque y Artemisa—, el resultado es que, ni por mucho, la poesía ha “florecido” solamente en las ciudades capitales, pues aquí vemos en gran número a esas pequeñas y entrañables poblaciones de la Cuba profunda, todas ellas con poetas dignos de integrar esta selección: Cruces, Vueltas, Jiguaní, Fray Benito, y otros sitios que mi cultura geográfica me ha impedido localizar, como Estancia Lejos y Buenaventura. No falta ni siquiera la inclusión de la Cuba nacida en otras fronteras, como es el caso de Karel Bofill, que vio la luz primera en Checoslovaquia.

Como a veces —¿solo a veces?— los números bien sacados nos ofrecen lecturas adicionales, las provincias más representadas en La isla en versos son Holguín, con 25 poetas, y Villa Clara, con 12. La de presencia más reducida es precisamente la guantanamera, con una muestra de las obras de José Ramón Sánchez, Katia Gutiérrez y Annia Alejo Laborit.

Y no saco a colación estos “números” para insinuar que “los padres” de esta isla inclinaron la balanza —a favor o en contra— guiados por alguna suerte de instinto afectivo o emocional. No, sino para significar todo lo contrario: ellos trataron de hacer valer el único rasero de importancia en estos casos: la representatividad verdaderamente ganada.

¿Por qué Holguín y Villa Clara tan “prósperas”?, ¿por qué Guantánamo tan “limitada”?, ya son interrogantes que se escapan de los presupuestos de los seleccionadores, de la obra en sí de los aquí reunidos, y hasta de las intenciones de esta presentación, que solo ofrece el resultado de la pesquisa como dato curioso y a tomar en cuenta —si es que vale la pena hacerlo— por otros, que no somos nosotros.

Ya dije que el criterio temático para esta selección fue que resultaran poemas que explicitaran nuestra insularidad marcada por las aguas; pero por supuesto que en estas cien obras hay mucho más, pues como dice Roberto Manzano en su prólogo —y se recoge en la nota de contracubierta—: “Aquí están los testimonios de las pérdidas, las lamentaciones del silencio, las increpaciones y las reconciliaciones, la sostenida conversación de nuestro espíritu con los litorales de todo orden que nos han rodeado siempre”.

A lo que yo agregaría que, por lo tanto, aquí las aguas —amén de reales— se vuelven también simbólicas, porque la insularidad viene siendo poco menos que la condición de toda existencia humana, cercada por las aguas de sus excluyentes y exclusivas presencias y circunstancias. La poesía, si tiene “funciones” o llamados prácticos —como en tiempos no tan lejanos nos empeñábamos en buscarle— tendría uno, no sabría yo si definir como espiritual, estético o terapéutico, que consiste en exorcizar las “Dominaciones y Potestades” que nos consumen.

En estos últimos años, de una proliferación editorial que torna imposible seguirle el paso a todo lo publicado, y por donde hemos visto pasar tanto gato disfrazado de liebre, tanta magia de circo pobre…, selecciones como La isla en versos se agradecen, porque este empeño de  Luis Yuseff, Yanier H. Palao y Ediciones La Luz, nos permite tener una idea, más o menos cabal, de la existencia de ¡cien poetas! cubanos, menores de 41 años, que merecen algo más que una lectura circunstancial.

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