Volver a Gira “La Isla en versos”

Cienfuegos

La voz que no cesa

Jesús Candelario Alvarado

Porque toda sirena es una isla que se escucha desde la cresta de una ola. Su canto es la armonía de las voces incesantes que la habitan. Entonces la novedad viene en los oídos del Ulises que se amarra en el asiento para leer esta Isla en versos. Ulises contemporáneo y ajeno al dramático remar de las naves que viajan sin saber cómo llegar a Ítaca. Alumbra este camino Ediciones La Luz, de la AHS en Holguín.

Bienaventurado homenaje a los 25 años de esta organización, donde se reúnen cien poetas sin la intención de fabricar otra antología, sino agruparlos en lo que su prologuista (Roberto Manzano) titula el diálogo infinito con las aguas: manera guillermotéllica” de atravesar la manzana con solo una flecha.

las eternas historias blancas negras, amarillas, rojas, azules…, enumera hacia su final, la cita escogida por Luis Yuseff y Yanier H. Palao, quienes asumieron la centenaria selección y acudieron al Virgilio nuestro para nombrar esta propuestas de coro multiforme, donde la rima y la métrica, según las reglas que protegen al clásico quehacer poético, no tienen el mínimo protagonismo. ¿Será que el tema en cuestión no se ajusta a maquillajes formales? La pluralidad manifiesta del conjunto es indiscutible y descubren influencias que al ser variadas y contradictorias son la salud de un quehacer muchas veces amenazado por voces monocordes y rectilíneas que tratan de imponer el eco de sus graznidos. La selección merece el reconocimiento por su estrategia y su táctica. El libro es una especie de ráfaga (cien disparos con autores nacidos entre 1970 y 1988) y yo, lector, confieso que esta es una de las ocasiones (raras) donde alguien llega al final y no se rinde.

Pudiera incitarme la tentación de copiar algunos versos (de esta Isla) para demostrar que todos (sin excepción) son meditaciones sobre la identidad, y algunos se derraman, incluso más allá, de la identidad cubana, pero siempre girando dentro de un horizonte, acuoso y borroso, que nos habita la existencia como protagonista o espectador, siempre metido en este teatro con sus paredes de mar.

Escribir poemas es una de las aberraciones más antiguas del ser humano. Nadie ha podido convencernos de que un murciélago puede ser más inteligente que nosotros, ni siquiera Whitman. En la fotografía de cubierta (de Kaloian Santos) aparece un niño que dibuja la bandera cubana, con unas tizas, en el piso. Ese es solo el anuncio. Los poetas reunidos dibujan a Cuba en el horizonte, las costas, el mar, dentro de ellos mismos. Una isla que no es el piso donde uno dibuja la bandera.

Alguien se debe preguntar ¿por qué nuestros ojos no se cansan de mirar la isla? ¿Por qué hace falta que nuestra Isla en versos no quede jamás al fondo del paisaje?

 

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