LA ERA DE LOS CELESTINOS

Por: Ghabriel Pérez

Llegan los días del Premio Celestino de Cuento y Holguín vuelve a convertirse en la ciudad a la que todos quieren ir. ¿Los once millones de cubanos? No, pero sí todos los noveles escritores del país, que son muchos.

Llega el certamen que ha logrado traer hasta el Oriente a las más prestigiosas figuras de la narrativa. Los que no han podido llegar hasta aquí, se encargan de enviar salutaciones.

No me cansaré de repetir que así como Cecilia Valdés es el personaje mítico de las letras cubanas, del mismo modo lo es Celestino en la patria chica de Reinaldo Arenas. Desde la existencia de ese nombre, como tentación y estímulo, como designio o maldición literaria, Perronales (el sitio nativo de Arenas), ocupa un lugar tan especial en la literatura como lo son Comala y Macondo, en Juan Rulfo y García Márquez, respectivamente.

Los personajes interesantes de la picaresca holguinera deseaban que algo así tuviera lugar. Y como si los perros de Perronales hubieran lanzado un aullido de reclamo, tuvo que ser escuchada la voz y surgió el evento más renombrado en esta región de mitos y realidades portentosas.

Se logró porque éramos muchos los que apostábamos por quitarle el veto a Reinaldo Arenas, porque ya Joaquín Osorio se había atrevido a entregarle un ramo de flores públicamente, en La Periquera, a Oneida Fuentes, la madre de nuestro escritor.

Se logró porque hubo gente inteligente, astuta y comprensiva que prefirió decir sí, porque de lo contrario el concurso buscaría otra suerte de auspicios…

Se logró porque ya Leonardo Padura había incluido un cuento de Arenas en la antología El submarino amarillo, donde aparece un rótulo que dice: “Esta edición es un aporte solidario del pueblo de México con el pueblo de Cuba, como una forma de lucha contra el bloqueo norteamericano”. Y así fue bueno que no hubiera bloqueos internos que impidieran rendir homenaje al personaje clásico de las letras holguinenses.

Se logró porque todo apuntaba a la creación de un concurso. Porque Holguín lo necesitaba.

Los jóvenes mandan a todos los concursos, pero con el Celestino hay una emoción auténtica, una motivación especial, detrás palpita la obra de un hombre que es símbolo vital en la vida literaria del país. El concurso premia a jóvenes menores de 35 años. Cuando Reinaldo obtuvo la primera mención por la novela que da a conocer al mítico personaje, él tenía apenas 22 años (al morir dejó una veintena de libros escritos). En veinte años el certamen se ha fortalecido, se ha convertido en un evento comprometido con la publicación del libro.

En la historia de la literatura de Holguín, junto con lo mejor de la vida editorial de Cuba, están el Primer, Segundo, Tercero y Cuarto Libro de Celestino, donde aparecen recogidos los cuentos ganadores hasta el año 2005. A partir de la octava edición se concursa con un libro y la publicación del mismo ocupa un lugar distinguido desde el catálogo de Ediciones La Luz entre los jóvenes narradores del país.

El primer afortunado de esa nueva época vuelve a ser un holguinero: Rafael A. Inza, con el título Top fiction, y completan la nómina de la colección Destral autores de varias provincias: Palabras, modos y rutinas (Marvelys Marrero), La lluvia que trajo el viento (Alcides Pereda), Otro fin de año magnífico (Serguei Martínez), Fracturas y extrañezas (José Alberto Velázquez), Los perros del amanecer (Yordis Monteserín), Umbralismo: una antología (Rafael de Jesús Ramírez) y Nubes (Liany Vento), Los macabeos (Abel Fernández-Larrea), Hierbas (Ariel Fonseca), Nube oscura alrededor de la cabeza (Julián Marcel), La máquina de recuerdos (Evelin Queipo) y Ojos para no ver las cosas simples (Martha Acosta).

Celestino, el personaje, ya tiene más de medio siglo sobre el mundo y el concurso que lo distingue arriba a la edad de veinte años. El nombre escogido es de sonoridad. El personaje que así se nombra es vigoroso.

Es una realidad que descuella dentro de los eventos que estimulan el desarrollo de la joven narrativa cubana. Es el homenaje de quienes impulsan la narrativa del país, apostando por el escritor más polémico de cuantos habitaron la Isla en las últimas seis décadas. La existencia de este evento fue garantía de que la novela Celestino antes del alba fuera recordada al cumplirse los 50 años de su publicación, y avala dar continuidad a la recordación de cada aniversario importante dentro del panorama de las letras cubanas y del mundo.

Cada día hay más narradores noveles a lo largo y ancho del inquieto caimán, y entre ellos el Celestino es el premio de cuento para jóvenes más codiciado del país. No es una exageración, lo confirman las declaraciones de muchos de esos noveles narradores, que con la dicha de alcanzar el premio o con el incentivo de un día lograrlo, así se expresan.

Además del diploma acreditativo, el Premio entrega un grabado de la autoría del renombrado artista Cosme Proenza.

La fiesta es grande y en esta edición veinte, el premio prístino, Rubén Rodríguez (quien declarara en su momento que el premio lo ayudó a “pensar en serio en la narrativa, a dedicarme a ella al menos con más entrega”), acaba de darle a la provincia de todos estos orígenes un galardón que habla de la madurez adquirida en esos veinte años de hacer literatura desde su provincia holguinera: el Premio Alejo Carpentier. El autor de aquel primer cuento premiado (“Flora y el ángel”), ya cuenta con una veintena de libros publicados.

En su última entrega, el certamen holguinero se viste de gala para rendir homenaje con paneles dedicados a los ciento veinte años del nacimiento de Lydia Cabrera, los ciento cinco de Julio Cortázar y Onelio Jorge Cardoso, y los noventa de Guillermo Cabrera Infante.

Reinaldo Arenas, figura central que se recuerda en cada cita, ya tiene a su encantador Celestino comandando; pronto le tocará el turno a Fortunato, el niño que crece, abandona los campos de Perronales, se instaura en la ciudad de Holguín junto a su familia y se mete en la segunda novela areniana. De ahí lo sacarán los cineastas, pronto-pronto, para que la fiesta de la literatura holguinera se extienda al mundo del celuloide, donde la vida de nuestro Reinaldo Arenas ya tiene protagonismo a lo Hollywood, en el filme de Julian Schnabel: Before Night falls.

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