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Jul 19

Las canciones de Liuba María Hevia

Por: Rubén Ricardo Infante

Ediciones La Luz nos ha regalado una hermosa selección con canciones de una de las voces más singulares de la canción cubana

El cancionero Luna del 64 (Ediciones La Luz, 2016) es una muestra de la obra de Liuba María Hevia dentro de la tradición de la música cubana. Cada una de estas canciones pudieran leerse como si fueran poemas. ¿Qué es la buena canción que no sea poesía?

Llegas, serena y desmedida, /luna temprana, abriendo el corazón, /guajira mía, cadencia singular / a tres por cuatro, sin rejas ni guardián.

El título a este libro proviene del concierto que ofreciera con motivo a sus 50 años de vida y se convierte en una extensión de esa celebración. El cuaderno llegará a otros lectores, que antes la escucharon cantar y será otro pretexto para volver a su voz, siempre cálida.

En las palabras de presentación al volumen se lee: “La obra de Liuba María Hevia es la creación, sostenida en el tiempo, de piezas antológicas en el panorama musical hispanoamericano”. Y estas piezas logran captar oídos adeptos y otros advenedizos, y en cada uno deja la misma impresión, parece música compuesta por ángeles que se empeñan en demostrar la existencia de la lira.

Nos perdimos junto un día cualquiera, / nos abandonamos del horizonte / sin relojes, brújulas ni escaleras, / sin mas país que la impaciencia.

Las notas firmadas por Roxana Fuentes, junto a las escritas por el actor Luis Alberto García, presentan un libro que no requiere de demasiados preámbulos, en su conjunto funciona como una antología de su música. La singularidad de cada una de estas canciones hace que cuando uno las lea, inmediatamente le llega el susurro de fondo. Y es que como el verso de Fina García Marruz, no es que le falte sonido, es que le sobra silencio. El efecto que produce leerse de golpe estas canciones y hacerse uno el recital, dejando que la voz de Liuba penetre por la ventana y aunque se cierren, quede como un eco resonando en los oídos.

Mi abuelo llegó en un barco, / pero se trajo la luna / dibujada en un pañuelo / que un día colgó en mi cuna. / La inmensa luna diamante / era la mejor fortuna / que acompañó al emigrante / de aquella España lorquiana y dura.

Otro acierto de este cuaderno es el adecuado trabajo con el diseño de portada e interiores, donde se utiliza el dibujo y este le incorpora una imagen más fresca. El trazado de su busto en la portada, nos remite a una creadora dialogando con la luna, contándole sus sueños; a cambio, en cada estación la luna le regala una sonrisa.

Guitarra tienes tú lo que a mi voz le falta, / tienes un ruiseñor despierto en mi garganta, / sabes rondar la luz, la dicha y los anhelos, / trocarte con la miel surcando un aguacero, / surcando un aguacero.

Al recorrer estas páginas nos encontramos las pistas de una artista que ha hecho su obra para todos. Porque cuando les ha cantado a los niños parece que su voz se escurre y cuando lo ha hecho para los adultos, es como si nos devolviera a esa etapa que una vez fuimos. Porque ella no necesita cantar, es la música la que se escucha, son los acordes los que impulsan la garganta y su cuerpo, tan menudo, no puede hacer otra cosa que dejar que broten las notas.

A lo largo del cuaderno, el lector encontrará varias referencias a la luna. Es como si el título lograra atrapar la presencia de ella en cada texto, en cada canción. Porque la luna aparece iluminando algunas zonas, dejando que la noche se haga presente:

Debí saber que un beso tuyo / era la voz del cielo, / la antesala del delirio, la claridad que anhelo.

Aquí estoy, aquí te sueño / con esta luna de abril / si me salvas, si te encuentro / no te dejaré partir.

Este cancionero es como la compilación de varios de sus discos y uno no necesite de ningún medio para reproducir estas canciones, solo con leerlas vibre el tono que Liuba sabe imprimirle. Porque otra virtud de su voz es que es única. Tiene la mezcla de las grandes voces latinoamericanas y todo ello se arremolina en una mujer. Que suerte que esa mujer sea nuestra y que su voz nos siga acompañando ante tanta soledad.

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