Sep 20

Cabalgata surrealista en un corcel de vapor

Por: Alex Jorge

Cubierta_caballos de vaporPara los que se adentran en las turbulentas aguas de la creación literaria no existe todavía el conocimiento de la vastedad de fabuladores que habitan en nuestro planeta. A sus oídos llegan nombres de clásicos rusos y norteamericanos, o los integrantes del llamado boom latinoamericano, todos ellos con su galería de premios Nobel. Pero más allá de esta cofradía, brotando de las entrañas de la tierra, nuevos escritores dan fe de que en literatura todavía hay mucho de qué hablar. Y en este escenario aparece Marina Perezagua, desconocida hasta ahora para el público cubano y que Ediciones La Luz ha tenido el acierto de publicar este volumen de cuentos, compilación de dos colecciones de relatos: Criaturas abisales y Leche, del 2011 y 2013, respectivamente. Con este libro nos encontramos ante todo con una narradora con pleno conocimiento de su oficio, quien ha dedicado su vida a la labor intelectual, cursando la Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de Sevilla y el Doctorado en Literatura en la Universidad Estatal de Nueva York. Marina, lejos de realizar una escritura de ficción con base anecdótica, nos enseña sus dotes para construir una historia de cualquier cosa usando la imaginación y ocultando casi totalmente las referencias reales, propias de su vida o de su pensamiento, del que solo escapan atisbos, fragmentos de evidencias que pocos podrán advertir, ante todo por el uso de diferentes puntos de vista, la muda de narradores empleada en cada historia como despiste, y en algunos casos, como recurso técnico, pero las continuas referencias a la soledad, el sexo como escape o la maternidad como necesidad develan inquietudes personales acumuladas durante toda su vida. Marina es una persona enojada con un mundo que odia y ama, por eso sus historias pendulan entre la belleza y el horror. La literatura es su escape, una forma de gritar a voz de cuello, una catarsis para los recuerdos de su infancia, cuando era una niña asustadiza y silenciosa, y su libertad de expresión había sido anulada.

Las fabulaciones de Marina son llevadas de la mano por un narrador confesional en cualquiera de sus variantes: omnisciente, personal o indefinido, que intenta con éxito hacernos creer que estas historias ocurrieron de verdad, a pesar de los elementos fantásticos que poseen algunos de ellos. La lectura de la mayoría de los cuentos sumerge al lector en el desconcierto, en el desasosiego de lo enfermizo de las relaciones entre los seres humanos, en contextos extraños e imaginativos. Perezagua, rara vez sitúa a sus personajes en un entorno o época reconocible, alejándose de localismos y convirtiendo su narrativa en universal. Los nombres de los personajes, españoles o extranjeros, contribuyen también a esta idea de deslocalización narrativa.

13619958_10154395876273249_6514674151013824294_nSus relatos se caracterizan por dibujar la cara oculta de las situaciones cotidianas, siempre aderezados con un toque sutil de fantasía. Historias que en ocasiones trasladan al lector al mundo de lo posible y que desde la primera página producen una sensación de admiración para después convertirse en asombro, conduciendo al lector a través de un gozoso viaje literario. Por ello la lectura de este libro se convierte poco a poco en una lectura adictiva. Al terminar de leer uno de los relatos, rápidamente se comienza el siguiente con la esperanza de hallar una calidad similar al anterior, un final sorprendente, una historia peculiar, un personaje fuera de lo común, y en ese sentido no defrauda en absoluto, porque en la escritura de Marina reúne todos los ingredientes que necesita un buen relato.

No queda más que invitar a adentrarse en este libro que no dejará indiferente a ningún lector y les asegurará un rato entretenido.

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