Memorias cruzadas

Por: Yanetsy León González

Fotos: Leandor Pérez Pérez

Cruzada_Literaria Camagüey.- Sobre una mesa del Café, un rollo de cartulinas de colores, fragmentos de cajas de cartón, tijera, pegamento y otros enseres. Hasta el amplio salón de “La Comarca”, la muchacha avanza con las hojas tibias todavía. Acababa de imprimir las íntimas palabras que escribían el paso de cada uno por allí. Junto al grupo cosería el primer libro de la Cruzada, o lo que es lo mismo, acopiaría en un rústico cuaderno los textos entrañables de ese instante, con utopías y miedos, audacias y desvelos, propios de esa especie indócil que responde al mote de joven creador.

La lluviosa tarde del jueves se antojaba sin cordura. Era una experiencia inédita para Camagüey, publicar de manera artesanal, como aconsejaba la habanera Yanelys Encinosa, por carencias del mundo editorial. El índice anunciaba narrativa, poesía, trova y la síntesis de dos proyectos de narración oral; 36 autores en 60 páginas recopiladas por Annalis Castillo, y editadas por el gentil poeta Luis Yuseff.

Doce ediciones atrás, la Cruzada Literaria vio la luz como una empresa de chiflados que buscaban la agreste geografía, con el equipaje de los versos, las historias y la trova. Por suerte ha mantenido la savia de su innata convicción de alternativa.

Mientras unos recortan sobre dos mesas unidas en el Café, pasan relámpagos de esta cita anual de la Asociación Hermanos Saíz. A debate puso el preterido género de la literatura fantástica y la ciencia ficción en Cuba. Los “fantásticos” colocan un espejo en el futuro, para entender el presente. Eso hizo el nuevitero Víctor Hugo Pérez Gallo, al leer parte de Los endemoniados de Yaguaramas, donde Camagüey es capital del país, y Agramonte no ha muerto.

También vino el famoso Yoss, elegido por Ácana para abrir su colección fantástica con País grande, país Cruzada_Literaria-2pequeño, “cuentinovela” nunca vista en español. Ese paso de acudir a un conocido autor —del que seguro no mueren de tedio los ejemplares en las librerías—, revela los desafíos de las editoriales territoriales ante las sombras económicas, abordados con agudeza en el último panel.

Los “artesanos” comienzan a pegar. Entre ellos destacan los holguineros, quienes regalaron el generoso proyecto de Ediciones La Luz, con la antología para niños Retoños de Almendro, su audio-libro, la muestra de artes plásticas y narración oral. Sobre lo último, en las comunidades, las palabras no se las llevó el viento, en franca sintonía con Catalejo de cuentos.

Alguien hojea el cuerpo del naciente libro, y recapitula otros sucesos. Arrolla otra vez con el guantanamero Jorge Barret “Yoyi” al ritmo de su Conga marina, la canción más popular, y disfruta igual la más añeja trova con voz del tunero Ramón David. Se rompe en plena pendiente de Lesca, al regreso de Sierra de Cubitas, empuja y se monta en la guagua andando. Aprecia a los niños de Nuevitas encantados con los caballeros y dragones de la habanera Elaine Vilar. Busca la Finca Encantada, en la carretera a Santa Cruz del Sur, rodea la ceiba para cumplir sus deseos y no aguanta la risa cuando cierta narradora cae en medio del riachuelo. O tres colmos: come res en Nuevitas, pescado en el guaimareño El Taurino, y le privan del néctar del Café.

Alistado el rostro del volumen que titulan Memorias cruzadas, el copista pone un simpático ISBN con la fecha del evento. Entonces se agolpan los motivos de siempre: la deferencia a Fidel con la exclusiva de los 10 retratos del joven autodidacta Andy Pérez Rojas, el gran concierto, las descargas e incluso los disgustos, porque el transporte sigue poniendo la mala letra de la Cruzada.

En los últimos ajustes quedan ecos del halo de la revista cubana de poesía Amnios, el apoyo de la avileña Yoanis Soriano, la provocación del guantanamero Eldys Baratute, o, para mencionar de los nuestros, de la alegría de Jesús Zamora, los susurros de Jhortensia Espineta, las travesuras de Evelyn Queipo, la mordacidad de Yoan Pico y las preguntas de Alejandro González.

Memorias cruzadas sujeta la genética del libro, ese condenado por el contexto a la reliquia. En las lecturas no hubo solo textos en papel. La escritura alcanza la tecnología de punta, con tablet y laptop, para continuar humanizando al hombre.

El carismático grupo apunta el deseo de más espacio a la plástica, a los ensayistas y al teatro; recuerda la invitación al venidero agosto, aunque las solicitudes sobrepasen las capacidades. Lleva a casa la versión digital. El tiempo alcanzó para armar un libro, que podrán coser en las próximas Cruzadas, como símbolo de las memorias de esos indómitos seres que vindican la juventud creadora.

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