Recorrido de la luz: onda o partícula

En la luz, hay virtud.
José Martí

Autor: Luis Yuseff

 

Años difíciles para la cultura cubana; años de dispersión y descreimientos. Diáspora. Desasosiego. Dolor. Unos parten; otros permanecen, sostienen ―comparten― el peso de un país; a veces desde una postura descarnada que colocó al “ser” cubano en un diálogo escasamente reconciliador con su tiempo. Los poetas iban de un lado a otro con sus fardos de inéditos bajo el brazo, y Holguín, ciudad esquinada del oriente cubano, proponía unas Romerías de Mayo como salvaguarda de la memoria y plataforma para impulsar a la joven vanguardia artística cubana. Mientras unos dejaban de soñar, otros fundaban. Con ese paisaje de fondo aparece, para el panorama literario nacional, Ediciones La Luz, acompañada del calificativo de “alternativa”; de un grupo multioficio que hacía de editores, diseñadores o correctores, y de la mano amiga de Reina del Mar Editores, hermana mayor de la provincia de Cienfuegos.

 

El 7 de mayo de 1997, Alexis Triana ―entonces presidente de la Asociación Hermanos Saíz en la provincia―, junto a un grupo de trovadores y poetas, se fueron al salón de última espera del aeropuerto Frank País a presentar lo que fue el primer título publicado por el sello: Bufón de Dios, del joven decimista José Luis Serrano. Se iniciaba de este modo un camino azaroso, con discontinuidades y parpadeos que amenazaban la permanencia de un sello que en sus inicios sumó los primeros libros de algunos autores o dio continuidad a la carrera literaria de otros. De esa primera época son El último Dios de George Riverón y los cuadernillos de la colección Libros de Bolsillo, donde publicaron Orestes González Garayalde (Sitios y Quimeras), Belkis Méndez (Pájaro de la tarde) y Ronel González (Ya no basta la vida), ediciones cuidadas por el entonces joven realizador audiovisual Jorge Luis Sánchez Grass.


A esta primera etapa le siguió una época de coediciones con Ediciones Holguín, para la fecha cerrada por la ausencia de un inmueble propio y de una imprenta clausurada por Salud Pública. De este hermanamiento son Historia colonial de Holguín, de José Novoa; Lunas de papel, de Elena Guarch y el Libro de Celestino, compilado y presentado por Michael H. Miranda. Este último título merece especial atención pues es el primer volumen que recoge la obra de los autores reconocidos con el Premio Celestino de Cuento, y en cuya edición inicial Rubén Rodríguez alcanzó el máximo reconocimiento con su cuento “Flora y el ángel”. Vale recordar también que este premio fue fundado por el escritor Ghabriel Pérez, y en el próximo 2014 estará emitiendo su decimoquinta convocatoria, respaldada casi siempre por un gran número de autores que envían cada año sus inéditos, aspirando a lo que se ha convertido en uno de los más prestigiosos premios del género en nuestro país.

A partir del año 2000, el sello no volvió a publicar en solitario hasta el año 2006. Ya habían surgido en el país las denominadas “ediciones territoriales”, respaldadas por las impresiones RISOGRÁFICAS, un proyecto que dejó fuera a los sellos de la Asociación Hermanos Saíz hasta el año 2003, cuando se les entregó una computadora, junto a una impresora láser, un escáner y un aire acondicionado.

Los tres años que siguieron al otorgamiento de ese “discreto respaldo tecnológico”, increíblemente no fueron los mejores para la editorial. La Luz estaba inmersa en una entropía que ayudaba muy poco; además, existían demasiadas “estructuras fracturadas” como para que el trabajo que implica la edición y publicación de un libro fuera medianamente orgánico. Hubo que invertir mucho tiempo; provocar algunos diálogos reconciliadores, y acudir a la buena voluntad de los miembros de la sección de literatura de la AHS para que ayudaran en la imprenta Lugones a doblar cuartillas, grapar y encolar cubiertas. Gracias a la tenacidad de esos jóvenes escritores Striptease y eclipse de las almas (Delfín Prats), Síndrome de Estocolmo (Adalberto Santos), el Cuarto Libro de Celestino y Memoria de los otros, antología de narradores holguineros, pudieron presentarse en la Feria Internacional del Libro en La Habana.

El año 2009 fue sumamente difícil para La Luz; pero, contra todo pronóstico, publicamos El sol eterno. Antología de jóvenes poetas holguineros, prologada por el poeta y ensayista Manuel García Verdecia, compilación que el tiempo se encargará de ubicar en un lugar privilegiado dentro de la historia literaria de la provincia y también del país. Por primera vez, en un mismo volumen, aparecían compilados estos jóvenes autores, muchos de ellos jamás habían visto reseñados críticamente sus versos. Nadie los había identificado antes como grupo literario, que lo son, a pesar de sus notables diferencias. Pero todos tenían al menos un libro publicado y pertenecían a la Asociación Hermanos Saíz. El colofón fue la grabación del audio libro homónimo en la voz de los propios poetas, realizada de manera artesanal dentro de la colección Quemapalabras. A esa misma colección sumamos El brillo de la superficie, poemas grabados en la voz de Delfín Prats, cuya obra sigue siendo referencia dentro de la lírica hispanoamericana, y La isla en versos, versión homónima del libro publicado en 2011 como parte de las celebraciones por el centenario de Virgilio Piñera y el veinticinco aniversario de la AHS, convertido luego en un proyecto que nos llevó a más de diez ciudades de todo el país, además de aportar una segunda edición en 2013.

Ediciones La Luz ha entrado a la segunda década del siglo XXI con un catálogo que crece y se diversifica en la misma medida en que sus proyectos se consolidan y reciben la atención necesaria por parte del Instituto Cubano del Libro (ICL). Por primera vez salimos de los planes regulares, de tiradas limitadas, nunca superiores a los mil ejemplares, y entramos a los Planes Especiales con dos importantes antologías; la primera, Quiero una canción. Jóvenes trovadores cubanos, compilada por Manuel Leandro Ibarra y prologada por Víctor Casaus. Esta nueva generación de cantautores nunca antes había sido recogida en un mismo volumen; existen otras compilaciones de este género, pero restringidas a ciertas geografías, nunca concebidas en el propósito de servir como muestrario de lo que está ocurriendo en toda la Isla. Y este es un mérito que tiene nuestro sello: haber superado la parcela holguinera y permanecer abierto a las múltiples expresiones de un movimiento literario y trovadoresco que ocurre, se consolida y proyecta frente a nuestras narices a pesar de lamentables ensimismamientos.

La otra antología es Retoños de almendro. Cuentos para niños de jóvenes escritores cubanos, compilada por Eldys Baratute y prologada por Nersys Felipe. Un libro hermoso que incluye a treinta y cinco narradores y las ilustraciones de diecinueve artistas de la plástica. Este muestrario exhaustivo de la más reciente literatura infantojuvenil no tiene antecedentes en el panorama literario cubano. Por tanto, todo lo que se diga de esta selección, sea bueno o malo, tendrá que ser atendido celosamente.

Este catálogo es el resumen de quince años de trabajo, que ha involucrado a varias instituciones culturales del país y la provincia; de esas relaciones amistosas han salido publicaciones cooperadas con la Casa de Iberoamérica, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y el Centro de Estudios para el Desarrollo Sociocultural (CEDES); gracias a este último realizamos la entrega de los primeros quince títulos de la colección Analekta. Asimismo, con la colaboración de la filial holguinera del Instituto Superior de Arte (ISA) se realizó el documental Así comenzó esta historia, de los jóvenes realizadores Yaité Luque y Rubén Ricardo, memoria necesaria que recoge el testimonio de los fundadores y continuadores del proyecto editorial.

Ediciones La Luz llega a sus primeros quince años con fuerzas y fe renovadas. Aspiramos a seguir contando con la valiosa obra de los jóvenes escritores y artistas cubanos, de modo que esa pequeña vela prendida sobre una palmatoria, que nos identifica como sello, nunca se apague.

Holguín, octubre de 2013

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